Dignidad: el precio de hacer política

Recientemente el dramaturgo Arturo Wong hizo una excelente puesta en escena de la aclamada obra Dignidad, de Ignasi Vidal. Montada originalmente en España, sus temas y personajes son universales. Indagando un poco, Vidal explica su inspiración detrás del guión:

“La tesis de mi obra es que los políticos no son extraterrestres que vienen a ocupar nuestras instituciones, sino que vienen de entre nosotros, son uno de los nuestros.

Vienen de nuestros barrios, colegios, clubes sociales. Ellos son nosotros. Tienen nuestros defectos y nuestras virtudes y no podemos pretender tener mejores políticos sin impulsar un cambio en nosotros mismos, como individuos y como sociedad.”

Los temas de ciclos nocivos de comportamiento, mentiras y promesas que sabemos no vamos a cumplir son las raíces de la trama principal, que sigue un momento crucial en las vidas políticas de Francisco (Karl Hoffman), aspirante a la presidencia del país y su jefe de campaña Alejandro (Larry Diaz).

Al desarrollarse la trama entre estos dos personajes podemos ver a viva voz las motivaciones detrás de nuestra clase política, llevándonos a una conclusión concisa: “tenemos a los políticos que nos merecemos.” El poder corrompe de muchas formas, y a través de estos dos personajes podemos ver que hasta las más nobles intenciones pueden sucumbir ante la sed de poder.

Cualquiera que siga la política con interés verá muchos paralelos con la situación actual del país, y da testamento a cómo Dignidad ha tenido puestas de escena en España, Argentina y Panamá, entre otros con muy pocos cambios.

Sería genial pensar que existen políticos que de veras creen en hacer cambios por el bien de su ciudadanía pero al ver la obra uno recuerda todos los obstáculos, los intereses que están de por medio y que a menudo llevan hasta los más puros de corazón a embarrarse en el lodo: el partido, la empresa privada, el cuerpo electoral… Como dicen por ahí, es difícil llegar a una posición de poder sin sacrificios.

Gracias a HelloBuco por la invitación a esta gran obra. ¡Sin ellos la editorial de hoy no habría sido posible!
Imagen: I See You See Me, de Mary Bernadette Lee
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