El Administrador de la Casa

Administrador de la Casa es el significado en griego de la palabra economista, entendiendo que el primer hogar es la mente en la que habita nuestra propia consciencia. Pero, ¿conocemos los recursos con los que contamos para administrarlos de forma sabia?

Bien dice la máxima de la escuela socrática: “Conócete a ti mismo.” Esta es la primera labor del sano economista, ya que su juicio es un resultado de su disciplina y aquel que no puede mantener su casa en orden, jamás podra manejar lo que le rodea de forma sensata.

Entender el bagaje emocional que llevamos dentro es el primer mercado que merece observación. ¿Qué valoramos?, ¿cómo? y, ¿por qué? Las transacciones que realiza la mente su oferta y demanda, aquello que ocurre en tiempo real dentro del espacio de la inconsciencia pero es claro ante la práctica introspectiva resultado del cuestionamiento filosófico consciente y que nos da claridad ante las trampas del ego.

Si tuvieramos que exponer el primer subsidio a la vergüenza, no hay peor mal que el subsidio ideológico, tomar prestado sin atender de forma crítica y racional cada idea que se nos es presentada, sino que asimilarla ciegamente como verdad; y aquello que pretendía liberarnos, nos hace esclavos dogmáticos de lo que no entendemos pero que repetimos de forma religiosa, sin un verdadero fondo.

En la era de la post-verdad este es el verdadero acto revolucionario, filosofar a martillazos, deconstruir la realidad para poder entenderla cuestionando todo hasta dejar las cenizas, sin dejar que la pretensión arrogante de conocimiento nos vuelva ciegos a la realidad, sino que todo argumento es expuesto a la luz de la razón.

Quizás sea tiempo de morder la manzana nuevamente y ser como dioses, conocedores de bien, el mal y aquello que va más allá pero, ¿estaremos dispuestos a abandonar la comodidad del Edén ficticio que hemos creado, desplazando nuestra responsabilidad individual al colectivo?

Aquella pretensión de primero pensar en el colectivo antes de en uno mismo, es simplemente el engaño de aquel que como no puede servir a su hermano de forma voluntaria, busca gobernarlo so excusa de egoismo disfrazado de filantropía.

Por eso es importante reclamar el primer territorio que hemos pérdido: nuestra libertad de pensamiento, recuperar la consciencia dormida en los laureles, que en vez de buscar su propia emancipación, muere expectante a un cacique que la guíe a la acción, esperando un nuevo buen amo para manejar su voluntad.

Si el hombre no se adueña de su propio pensamiento, solo es un esclavo de aquel que sí piensa, pero basta darse cuenta a los golpes que nadie es mejor administrador de su propia consiencia que uno mismo. Mentes libres que funcionan en mercados que solo son reflejan la libertad de los individuos que participan en él.”Administrador de la Casa” es el significado en griego de la palabra economista, entendiendo que el primer hogar es la mente en la que habita nuestra propia consciencia. Pero, ¿conocemos los recursos con los que contamos para administrarlos de forma sabia?

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Bien dice la máxima de la escuela socrática: “Conócete a ti mismo.” Esta es la primera labor del sano economista, ya que su juicio es un resultado de su disciplina y aquel que no puede mantener su casa en orden, jamás podra manejar lo que le rodea de forma sensata.

Entender el bagaje emocional que llevamos dentro es el primer mercado que merece observación. ¿Qué valoramos?, ¿cómo? y, ¿por qué? Las transacciones que realiza la mente su oferta y demanda, aquello que ocurre en tiempo real dentro del espacio de la inconsciencia pero es claro ante la práctica introspectiva resultado del cuestionamiento filosófico consciente y que nos da claridad ante las trampas del ego.

Si tuvieramos que exponer el primer subsidio a la vergüenza, no hay peor mal que el subsidio ideológico, tomar prestado sin atender de forma crítica y racional cada idea que se nos es presentada, sino que asimilarla ciegamente como verdad; y aquello que pretendía liberarnos, nos hace esclavos dogmáticos de lo que no entendemos pero que repetimos de forma religiosa, sin un verdadero fondo.

En la era de la post-verdad este es el verdadero acto revolucionario, filosofar a martillazos, deconstruir la realidad para poder entenderla cuestionando todo hasta dejar las cenizas, sin dejar que la pretensión arrogante de conocimiento nos vuelva ciegos a la realidad, sino que todo argumento es expuesto a la luz de la razón.

Quizás sea tiempo de morder la manzana nuevamente y ser como dioses, conocedores de bien, el mal y aquello que va más allá pero, ¿estaremos dispuestos a abandonar la comodidad del Edén ficticio que hemos creado, desplazando nuestra responsabilidad individual al colectivo?

Aquella pretensión de primero pensar en el colectivo antes de en uno mismo, es simplemente el engaño de aquel que como no puede servir a su hermano de forma voluntaria, busca gobernarlo so excusa de egoismo disfrazado de filantropía.

Por eso es importante reclamar el primer territorio que hemos pérdido: nuestra libertad de pensamiento, recuperar la consciencia dormida en los laureles, que en vez de buscar su propia emancipación, muere expectante a un cacique que la guíe a la acción, esperando un nuevo buen amo para manejar su voluntad.

Si el hombre no se adueña de su propio pensamiento, solo es un esclavo de aquel que sí piensa, pero basta darse cuenta a los golpes que nadie es mejor administrador de su propia consiencia que uno mismo. Mentes libres que funcionan en mercados que solo son reflejan la libertad de los individuos que participan en él.

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