El Mito de la Vanidad

Una de las trampas del ego es hacernos creer que nuestra narrativa es la más importante de todas. Hoy en día el mito de Narciso sigue vivo, perpetuado por la manera en que curamos nuestra vida a través de lo que publicamos en internet…

El Mito de Narciso, a veces conocido como El Mito de la Vanidad, es uno de los más famosos de la mitología griega y en resumidas cuentas va más o menos así: Narciso era un chico muy guapo, hijo de una ninfa llamada Liríope. Antes de dar a luz, un vidente le advirtió que su hijo tendría larga vida siempre y cuando no viera su reflejo.

A pasar el tiempo Narciso se volvió famoso por su belleza, y en su vanidad rechazaba a toda persona que se le acercara, despreciando a quienes atraía ya fuera hombre, mujer, o animal. Un buen día, caminaba por el bosque más bien cuando se topó con la ninfa Eco, una chica cuya maldición solo le permitía decir la última palabra que oyera de quien le hablaba.

Como era de esperarse el encuentro no terminó bien para Eco ya que fue rechazada por Narciso. La ninfa, en su dolor, nunca más salió del bosque. Esto enfadó a los dioses, en particular a Némesis, la diosa de la venganza. Apelando a sus bajos instintos, Némesis elabororó un chanchullo para que Narciso se acercara a un arroyo y viera su reflejo en el agua.

Al ver su reflejo, Narciso se enamoró de sí mismo de tal manera que se volvió loco. Cada día que pasaba, su guilla se volvía más fuerte: le frustraba como su amor no podía ser correspondido por la imagen que veía en el agua sin importar cuánta fijación le diera, llegando al punto que se suicidó tirándose al arroyo.

Pero, ¿qué tiene que ver Narciso con mi vida digital?

Veo que hoy en día la tendencia es asumir que todos nos están viendo, retroactivamente lo que nos encontramos al navegar es un mensaje personal para nosotros. Nuestro gusto o rechazo a algo que vemos en nuestros feeds tiene una correlación con nuestra reacción. Lo difícil en momentos así es darse cuenta que uno no es el centro del universo y a menudo cada quien vive su mundo sin pensar en las opiniones de los demás.

Es fácil caer en tal círculo vicioso, especialmente cuando hay falta de empatía: no podemos ver más allá de nuestra opinión, y nos pensamos los dueños de la razón. Súmale a esto la economía de los Likes, en donde entre más interacciones tengas (o no) a una publicación asímismo le asignamos valor a nuestras ideas, apariencia, y valor propio.

Los recientes escándalos en los que está metido Facebook denotan un narcisismo en nuestras sociedades que debemos controlar. Estas herramientas nos habilitan; sea lo que sea que pienses, ahora podemos encontrar a otros que piensen igual y encapsularnos en burbujas donde cualquier idea contraria es vista con desprecio.

¿Cómo podremos avanzar si nuestro entorno nos mantiene atascados en un solo lugar, sin libertad de pensamiento? Tal vez en ver de rechazar todo lo que nos arde el alma, deberíamos analizarlo y ver qué enseñanza podemos sacar de ello.

A fin de cuentas igual podemos seguir con nuestro pensamiento original después de practicar un poco de empatía, pero al menos logramos ver más allá de nuestra vanidad y descubrir el mensaje real que convellan las acciones que tomamos.

Imagen: The Myth of Vanity por Ayham Jabr
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