Ser Compatibles, Más allá de las Diferencias

Nos pasa a todos en algun momento: fluyes con una persona o grupo por un tiempo hasta que llegas al punto en donde todos los puntos que tenían en común se opacan ante las diferencias que se marcan con el tiempo. Está en nuestra naturaleza como seres humanos tener una expectativa de cómo debería ser nuestro entorno pero a menudo entra en conflicto con la realidad de la situación. “Ya no somos compatibles.” C’est la vie.

Lamentablemente, en la escuela nos enseñan de todo excepto tener una buena inteligencia emocional. En mi experiencia como milenial (y de los viejos),  muchas de las cosas que he aprendido las hice por mi propia cuenta. Tal vez es por eso que aún me falta mucho por aprender, pues me habría encantado tener a alguien sabio aconsejándome en vez de la televisión, las películas y los cómics de mi adolescencia.

Cada quién tiene su cruz y un camino por recorrer, eso es claro. También es bueno señalar que debido a la naturaleza del cambio, a veces dejamos de hacer clic con quienes en algún momento eramos uña y carne. A veces tarda meses; en otras ocasiones, años.

El punto que quiero señalar es que un constante en nuestras vidas son los cambios, y veo que en muchas ocasiones nos arraigamos a lo que una vez fue, convirtiendo nuestro diario vivir en una lucha constante para recuperar esas alegrías y energía que, en su momento, nos dieron felicidad. Asimismo, nos frustramos cuando inevitablemente no podemos lograrlo… cuando la película no termina como queremos. Lo vemos como una pérdida, una especie de carencia en nuestras vidas cuando no podemos volver a lo que fuimos que afecta nuestro auto-estima y amor propio.

Hay un dicho que dice: “Si logras superar tu propia desilución con lo que pasa en tu vida, nada te podrá detener.” Pero, ¿cómo? ¿Cómo superamos nuestra desilusión con nuestra familia, pareja, amigos, trabajo, ideas o sueños? ¿Cómo recuperar el tiempo perdido, la energía que le metimos y las ganas de hacer que las cosas funcionen para nuestros fines?

La respuesta es simple y abrumadora: no podemos recuperar nada. Lo hecho, hecho está. Lo que sí queda por hacer es superarlo, ver las cosas con empatía y el regalo del tiempo aplicado para darse cuenta que a pesar de todo, las cosas que nos pasan son para que aprendamos una lección.

Si no la aprendemos, nos seguirá ocurriendo hasta que un buen día todo hará sentido, o morimos. Así de simple. Lo importante es darse cuenta que las diferencias que tenemos son nada más que un paralelo de las cosas que tenemos en común, y si pasáramos más tiempo concentrándonos en lo que nos hace compatibles en vez de lo que nos separa, nuestra relación con el mundo (y los que habitan en él) sería mucho más feliz.

Sólo queda soñar.

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