Foto por Eliecer Oses, publicada en La Estrella

 

Hace unos meses asistí a una reunión en casa de una amiga en la Ciudad de Panamá. Quiero en enfatizar en la palabra “reunión” y recalcar que no venía de ninguna “rumba”, “chupata” ni nada por el estilo. Era una tranquila reunión de amigos en la cual no tomé más de cuatro cervezas.

Saliendo de esta reunión íbamos en mi carro yo, mi novia y otros dos amigos a los cuales les hacía el favor de darles el bote.  Creo que eran la una de la mañana cuando pasamos frente a la estación de policía de San Francisco a unos sesenta kilómetros por hora.

Un par de cuadras después me di cuenta de que nos seguía un pequeño camión de policía a los que popularmente conocemos como “chota”. Faltaba una cuadra para llegar al edificio de mi novia así que decidí seguir adelante para detenerme allí y entonces afrontar a los rufianes de la ley. Ese fue mi primer error.

Al estacionarme, el camión de policía se detiene violentamente detrás de mi vehículo en lo que era una clara maniobra para bloquear mi salida.  Del camión se bajan tres rufianes cada uno con una mano sobre la culata de su escuadra semiautomática, listos para desenfundarla. A gritos nos ordenan que bajemos del automóvil y a gritos nos piden identificación, mientras rodeaban mi vehículo. Parecía una escena de una narco-telenovela colombiana.

Es obvio que todos estábamos algo asustados, pero preservando la calma les dimos nuestras cédulas y yo además mi licencia.

“Vamos a revisar el carro” dice uno que parece ser el de más rango. Conociendo mis derechos decido negarme a que este escuadrón de asalto registre mi automóvil. Ese fue mi segundo error.

Quince minutos después nos encontramos los cuatro en la estación de policía de San Francisco. A mí me dejaron afuera junto a mi vehículo mientras a los demás les investigaban su record policivo dentro de la estación. De los tres policías que nos detuvieron, uno que parecía ser el de más rango se aproxima para hablarme con tono amenazador:

“¡¿A usted que le pasa?! ¡¿Por qué no deja que le revisen el carro?!”

Hasta donde yo sé uno puede negarse a que la policía le revise el vehículo siempre y cuando no haya ningún tipo de orden judicial para hacerlo. Estos oficiales no la tenían y encima de eso tenían muy mala actitud. “Yo soy la autoridad y usted no puede negarse a nada.”

Creo que respuestas como esa justifican mis razones para oponerme a que un policía se meta en mi automóvil en altas horas de la noche cuando no hay más nadie que pueda socorrerte.

Todos los policías que estaban de turno esa noche en la estación sabían que no iban a encontrar en el maletero de mi auto un cargamento de cocaína ni inmigrantes asiáticos, ni nada por el estilo, pero igual me hicieron quedarme toda la noche en una celda esperando que abriera la oficina del corregidor.

Esa noche dormí en la estación de policía de San Francisco por una razón tan estúpida que muy poco tiempo después todo el asunto se ha convertido en una anécdota que suelo contar con mucha gracia cada vez que puedo. Y efectivamente cada vez que la cuento mi interlocutor suele reírse de mis tonterías.

 

"Tienes el derecho de permanecer moreteado."

 

Pero lo que me ha estado llamando la atención últimamente es que casi siempre que cuento historia mis interlocutores me responden con dos o tres historias similares que ellos mismos han protagonizado junto a policías, algunas de ellas incluso más absurdas que mi propia anécdota.

Me pregunto, ¿Por qué será que estas anécdotas son tan comunes entre los panameños? Creo que tiene que ver mucho con la respuesta que me dio aquel oficial de policía cuando me negué a que registraran mi vehículo.

“Yo soy la autoridad”.

Este agente de verdad pensaba que él estaba en todo su derecho de registrar mi automóvil cuando la ley indica todo lo contrario. Entonces me pregunto, ¿Qué tanto saben los policías panameños sobre la ley? El ciudadano promedio asume que los protectores de la ley conocen las leyes que protegen, pero yo empiezo a tener mis dudas.

El lema de la policía es “proteger y servir”. La parte de proteger está clara ya que ellos son los funcionarios públicos que se encargan de nuestra seguridad. Pero analicemos por un momento la parte de servir, llevando esta palabra hasta su significado más básico.

Como cualquier otra empresa o institución, la policía nacional es responsable de brindar un servicio. Y así como muchos tenemos malas experiencias con policías, estoy seguro que nos sobran las malas experiencias con el servicio al cliente en Panamá.

Casi todos hemos sido abusados o maltratados por una cajera de supermercado o por un mesero de algún restaurante, por no mencionar a los funcionarios de oficinas públicas. Es muy bien sabido que en cualquier país el servicio al cliente suele ser mucho más deficiente en el sector público que en el sector privado.

Si el servicio al cliente de nuestro sector privado es considerado uno de los peores de la región, entonces podemos asumir que la atención que brindan los funcionarios públicos aquí puede llegar a ser una de las peores del mundo. Y al fin al cabo, ¿Qué es un policía? Pues un funcionario público.

Luego de hacer esta analogía no me sorprende que muchos panameños pasemos por malas experiencias con los policías, pues en el fondo solo se trata, una vez más, de una pobre atención al cliente. Pero no seamos tan insensible con los pobres oficiales.

Hay que comprender que se trata de seres humanos que por un poco mas del salario mínimo desempeñan un trabajo de muy alto riesgo. Es comprensible que no quieran hacer un esfuerzo extra por tratar a los ciudadanos con un poco de decencia, o por si quiera aprenderse las leyes que tanto protegen.

¿Proteger y serivr? Pues he estado tratando de recordar alguna experiencia en donde me haya sentido protegido por la policía pero de verdad que no me viene ninguna a la cabeza. En cuanto al servicio que ofrecen, pues allí si que tengo mucha experiencia con el mismo y como consumidor debo decir que es bastante malo.

 

Ya hay de estos rondando por nuestra ciudad capital. ¡Cuidado! 

 

Enrique Pérez es director de cine, guionista y agente de cambio. Su documental “Caos en la Ciudad”, acerca del precio del progreso en la Ciudad de Panamá, será vista en 14 países a través de canales afiliados a DocTV a partir de Junio. En Panamá, será transimitido por SerTV.

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