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Marea Roja

“Para Entender al Panameño,” por Héctor Collado

Abr 24 • Revista, Videos • 23,509 Views • No hay comentarios en “Para Entender al Panameño,” por Héctor Collado

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Buscando curiosidades por nuestras redes sociales nos topamos con esta nota, de la mano del ilustre poeta y profesor Héctor Collado. Es uno de los autores más versátiles en Panamá; es por eso que compartimos el siguiente ensayo, en donde profundiza lo que es ser panameño. Uno de de los grandes argumentos de los detractores yace en nuestra identidad cultural… ser un crisol de razas tienes sus pro y contra.

Sin embargo, Collado nos da un análisis crítico a veces desalentador, pero siempre con la esperanza de querer ser más. 

PARA ENTENDER AL PANAMEÑO…

Para empezar sería imprescindible elaborar una aproximación de lo que significa ser panameño (no me refiero al Ser con mayúscula, no estamos para eso, por estos días en que esos mismos panameños prefieren los apetitos de la carne y las bebidas espirituosas).

Sería mejor discurrir acerca de qué es un panameño o que es lo que te convierte en uno de esos hijos del paisito que somos, país a veces te enamora y otras te desgarra, pero que nunca deja ser la sabrosura de sus tranques cotidianos, de la ausencia casi nostálgica de buses o de taxis; de ese sol bochornoso de la mañana que se vuelve belleza cuando llega la tarde. Ah y sus lluvias: las épicas y las líricas: aquellas que nos enseñan que hay que luchar por la vida cuando se desborda el río o las que nos dejan esperando por la amada en alguna esquina desamparada, respectivamente.

La sintaxis verbal del panameño, antes de la data, el chateo y toda la parafernalia de las redes sociales, se hace de cinco improperios, cuatro ademanes, tres gestos, dos onomatopeyas y una palabra castiza.

El panameño es un ser de palabra simple, de comunicación cordial, de risa estentórea, burlona o la sonrisa a flor de labios, el mismo de la inercia de vivir sin miedo a las leyes de la gravedad es igual a aquel que no se deja vencer por la severidad de estar “limpio”. El que sin hipocresías quiere hacer fiesta el Nueve de Enero o el Viernes Santo por que celebra de veras el sacrificio de los mártires o la entrega del Glorioso Iluminado de Judea.

Es el mismo que llora y se enjuga con la bandera cuando pierde la “la marea roja” o el otro que miró, desencajado, incrédulo, decepcionado en el “plasma” como se “pelaron “ nuestras estrellas del atletismo en las últimas Olimpiadas.

Si un panameño te saluda con algunas obscenidades es porque te quiere de verdad. Cuando te trata de usted, es porque precisa guardar distancia, por protección, por desconfianza, y a veces por respeto. El Panameño por lo único que se arroja a la candelá (con acento) es por la madre ofendida y por los “comearroces”. Ahí no hay miedo ni amenaza ni riesgo ni pena que valga. Vamos al cuero.

Los abuelos y los muertos son sagrados para estos hijos de patria, ellos hicieron la historia y hay que merecerlos.

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